El tradicional bullicio de las callejuelas contrasta con la extensión de las hermosas playas de arena y con los modernos campos de golf. La vida urbana se caracteriza por sus gentes hospitalarias, los acogedores cafés y los músicos y artistas callejeros. Los bazares (o souks) están repletos de gran variedad de artículos, desde zapatillas típicas marroquíes, a fabulosos instrumentos de metal, tejidos y alfombras. Cuando se visitan los palacios rehabilitados y los majestuosos monumentos, el visitante capta la esencia de la tradición marroquí. Asimismo, aquéllos más aventureros pueden explorar las zonas rurales, dar paseos a caballo, en camello e incluso, ¡en globo!










